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"Esto es un juego que se traen los blogueros mas “in” del momento. La cosa consiste en contar 16 cosas sobre uno mismo. No chorradas como tu color preferido, sino cosas más interesantes, vivencias, recuerdos. Luego tienes que “tagear” a un bloguero para que haga lo mismo y continue la cadena"




De Bea, de "El recreo de Bea"




Bea me ha "tageado" para que os cuente, estados hipnagógicos, 16 cosas sobre mí. No sé si llegaré a tanto, pero en fin, allá voy!




1. Uf... Lo primero que así, se me viene a la cabeza, es que yo de pequeña quería ser enfermera, como mi madre.



2. Mi primer libro (al que recuerdo con más cariño, aunque ya tenía otros) fue uno de cuentos. Me lo regaló el ratón Perez cuando se me cayeron las dos paletas, al mismo tiempo. Era un libro fabuloso, con las tapas de color naranja, y que tenía un montón de historias. Solo recuerdo con claridad la historia de la princesa china con una sombrilla capaz de controlar el clima.



3. ¿Mi primera película en un cine? "Lady Halcón", aunque ya antes había visto un montón de películas en nuestro video Beta.



4. Envidiaba mucho a una vecina, que tenía una habitación para ella sola con vestidos de princesa, un tocador, un juego de té, etc... Yo compartía cuarto con mi hermana, y mis juguetes, por acción propia o por la de mis hermanos, siempre acababan hechos polvo.



5. Hablando de juguetes, el nombre de mi osito de peluche favorito era Corri Torres Torres. El motivo por el que su nombre tenía tantas "erres" lo desconozco.



6. Haciendo cálculos, me he mudado unas 10 veces en mi vida (no cuento los traslados durante la época universitaria). De hecho, una de las cosas que más odio hacer es recoger los trastos para una mudanza.



7. De pequeña, tenía miedo a la oscuridad, pero aún más, a tener la puerta del cuarto cerrada.



8. Una de mis aficiones, aparte de leer, era escuchar música. Me ponía los cascos, un disco de vinilo y me leía las letras de las canciones. Entre los discos que más escuchaba estaban "Flowers in the dirt" de P. McCartney, "The first of a million kisses" de Fairground Atracction, y "El grito del tiempo" de Duncan Dhu.



9. La época más feliz del año eran las navidades y las vacaciones de verano. Entonces, íbamos a ver a mis abuelos, que vivían en Cádiz. Para mi representaba la posibilidad de ir al cine (mi padre y mi abuelo nos llevaban casi todos los días), y visitar las librerías (Quorum y Mignon). Entonces, en mi pueblo no había cine, porque se quemó, y la única librería tenía muy pocos títulos.



10. Aún hoy, lloro viendo "El imperio del sol".



11. He tenido muchas mascotas: una tortuga llamada Doña Colorines, un hamster al que llamamos McGyver por la afición que tenía a la escapada, y sobre todo, mi perro Félix, conocido como "el gremlin" por lo feo que era.



12. Hasta los 16 años no pude ver las cadenas privadas. Entonces vivíamos en una casa vieja con una antena defectuosa y mi padre se negó a arreglarla. Cuando al fin nos mudamos, flipábamos con El príncipe de Bel-Air, y yo me enganché a Expediente X.



13. Tengo un hermano mellizo al que, de vez en cuando, le hacía alguna que otra bromilla. Me escondía detrás de una puerta y si le veía pasar, imitaba a un fantasma. También solíamos jugar a pelearnos con las almohadas o con los muñecos (a este juego lo llamamos "la guerra de los muñegotes").

14. El primer videojuego que me pasé fue el Link´s Awakening, para la Game Boy. Bueeeno... Los jefes díficiles se los dejaba a mi hermano.

15. Si íbamos a un salón recreativo, la primera máquina que jugaba siempre solía ser una de pin-ball. No era muy buena, pero me entretenía bastante. Después, me aficioné a Gauntlet y la máquina recreativa de Los Simpson.

16. ¿He llegado a la 16? Bueno, pues aquí os dejo la anécdota favorita de mis amigos sobre mi infancia: "La historia de cuando mis padres me dejaron en el pantano". En verano, mi familia iba a un sitio que es un pantano, pero acondicionado como si fuera una playa. Solíamos ir todos los fines de semana, y se nos sumaba a la excursión otras familias, amigos de mis padres. En una de esas, justo cuando nos marchábamos, yo dije que iba al baño. Al salir, descubrí que mis padres se habían ido, y que yo estaba sola ahí abandonada. No se dieron cuenta de que faltaba hasta la mitad del camino. Mientras tanto, a mi me dio la llantera y el dueño del chiringito se ofreció a llevarme de vuelta a casa (nunca olvidaré a don Julián).

Bueno, creo que ya he sacado 16 cosas. Voy a mandarle el "tagged" a mi amiga Mital Riumo, que seguro que escribe algo interesante. Si algún bloggero tiene interés en ser el siguiente, que me lo diga y yo le hago un enlace.

Un saludo!













Por causas ajenas a la organización (más bien, que aún no me decido que conexión contratar), estoy algo retrasada a la hora de publicar en el blog.

Pero ahora tengo diez minutos para contar, en poco tiempo, mis lecturas que abarcan desde el 1 de diciembre del 2008, hasta el día de hoy:

- "El profesor", de Charlotte Bronte: La última obra publicada de Charlotte Bronte, pero la primera que escribió, narra la vida de William Crimsworth, un joven que aspira a demostrar a los demás que puede labrarse su fortuna a costa de trabajo y esfuerzo.

- "Trópico de Cáncer", de Henry Miller: En mi lista de pendientes, por fin me decidí a leerlo. No es una historia completa, sino una recopilación de las experiencias de un escritor americano en el París de los años 20-30, en un mundo de artistas bohemios, soñadores, neuróticos, y estrambóticos.

- "La elegancia del erizo", de Muriel Burbery: Una de las sorpresas editoriales del año pasado, y también un ejemplo de la elegancia y el sentido del humor francés. En un edificio de un barrio burgués de París, viven dos almas gemelas: Renée, una portera autodidacta amante del arte y de los libros; y Paloma, una niña de 12 años despierta e inteligente. Las dos ocultan a los demás quienes son realmente. Un relato sobre el poder de la literatura y el arte como verdaderos vehículos para salvar nuestras almas de una vida triste y gris.






¿Qué quién era mi Rey Mago favorito? A mí me daba igual, mientras me trajeran un regalo...


En noches como esta, una se suele poner nostálgica. Casi todo el mundo que conozco y que me rodea día a día tiene mil y una anécdotas relacionadas con la noche de los Reyes Magos. Yo tengo muchas, casi todas compartidas con mis hermanos, con el insomnio, con alguna decepción (que ahora, la verdad, no creo que sean importantes), más de una alegría, etc...


Eran tiempos en los que solo esta noche me costaba dormir. Quién me iba a decir que un día sufriría de insomnio, y no precisamente porque esperara con ilusión un regalo. Alrededor de las siete y media de la mañana, mi hermano mayor se despertaba gracias a la alarma despertador de su casio. Poco a poco, nos íbamos despertando uno a uno en silencio, y, de puntillas, íbamos al salón. Y allí, sentados a oscuras, con la luz del mismo casio (o de una linterna de campamento, ya en la adolescencia), esperábamos el momento de las 8:00 de la mañana, hora oficial para abrir los regalos.


A todo esto, el famoso trauma de "los reyes son los padres" no llegué a vivirlo como tal: me enteré con unos cinco años, porque mis padres siempre armaban tal escándalo a la hora de montar los juguetes que era imposible no escucharles. Eso sí, mi madre siempre se afanaba con colocar una huella de harina en la ventana, vaciar las copas de anís, comerse las galletas y quitar el tapón de la bañera.


Hoy, mi madre me ha preguntado si tuve una infancia feliz. Tras pensar un momento en las noticias con las que he desayunado esta mañana, solo podía decir: Sí, por supuesto. Al menos, yo fui reina una vez.