Una semana tranquila, sin grandes novedades ni cambios. Solo este calor que me está matando poco a poco. Los momentos más agobiantes son aquellos que paso en los vagones de metro o en los autobuses atestados de personas y con conductores kamikaze. Y, por supuesto, siempre que enciendo el ordenador pórtatil para escribir... Tan pequeño que es y el calor que desprende, el tío...

El cuadro de la derecha es Christina´s World de Andrew Wyeth.

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Los libros que han caído en mis garras devoradoras este mes de Julio, son los siguientes:

- Brooklyn Follies, de Paul Auster (ver entrada anterior) :

Como sé de gente que ha concidido leyendo este libro o que quiere leerlo, no puedo decir gran cosa sobre el argumento. El protagonista, Nathan Glass, regresa a su barrio natal, después de un divorcio y una enfermedad larga. Con 60 años, parece que por fin se ha rendido, aunque pronto los personajes que se va encontrando en este singular barrio de Nueva York le acaban trayendo de vuelta al mundo.

Auster tiene una prosa sencilla, directa y sin grandes florituras, capaz de hacerte reír (en mi caso, soltar una gran carcajada en un autobus lleno de caras largas) y reflexionar sobre las segundas - o incluso terceras -oportunidades en la vida.


- Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa:

Basándose en un hecho que realmente ocurrió en su barrio de Miraflores en Lima, Vargas Llosa cuenta por primera vez una historia de amor entre un traductor apocado, espectador pasivo de la realidad, y la "niña mala" que entra y sale de su vida. Esta "niña mala" es una mujer ambiciosa, femme fatale, capaz de lograr que los hombres hagan lo que a ella le apetezca, libre y con ideas fijas... Podría resultar un personaje realmente odioso (de hecho, más de una vez he exclamado: ¡este tío es imbécil! ¡Mándala a freír gárgaras, hombre!), en el fondo, acaba una sintiendo admiración por la capacidad de transformación y la inteligencia que demuestra la peruanita.

Como curiosidad, este libro tiene la firma del autor, pero pertenece a "tugeisha" (tendré que hacer una entrada para hablar de los "personalcoach") Yo ya tengo mi firma de Vargas Llosa en un plano de la feria del Libro.

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Y con esto, os dejo hasta... el próximo viernes. No sé de que tema hablar... pero bueno, algo se me ocurrirá.

Hasta pronto, vecinitos!

12:38 p. m.

"House by the railroad" de Hooper

Me acabé Brooklyn Follies este fin de semana. La reseña la haré el próximo viernes, pero de este libro voy a sacar ahora la idea del "Hotel Existencia". Uno de los personajes más interesantes de la novela es Harry Brightman, dueño de una librería de viejo en Brooklyn. Durante una cena, confiesa que cuando era niño, creó en su imaginación un lugar llamado así "Hotel Existencia", donde jugaba que era un soldado que salvaba a los niños abandonados durante la segunda Guerra Mundial. Pocas semanas antes, había visto la película "Desmontando a Harry", donde, de un modo diferente, hablaba de lo mismo: los mundos y personajes que habitan dentro de nosotros.

Yo también tuve mi peculiar "hotel existencia". No recuerdo como lo llamaba, pero sí que las criaturas que lo habitaban eran versiones de mis juguetes favoritos, con nombres y apellidos. También les creaba una historia y un motivo por el que habían acabado allí. Había bandos, afinidades y odios entre ellos. A ese refugio de mi imaginación me iba cuando la vida imponía que debía esperar demasiado en un sitio, o en los largos viajes en la furgoneta azul.

Creo que de niña era un poco nerd...

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Este fin de semana no he hecho nada reseñable: Solo ver películas, películas y más películas... La clasificación es la siguiente:

- Muy buena: "Delitos y faltas". Woody Allen es único para tratar las cuestiones del amor, la vida y las ironías de la vida, con todos los acentos (dramático, cómico, bizarro) posibles. Recomendadísima.

- Regular: "La casa del lago". Que queréis que os diga, me encantan las pelis romanticonas, y si las mezclan con Keanu Reeves, pues mejor que mejor. Eso sí, abstenerse mentes científicas a las que les guste pillar paradojas temporales, porque esta peli se las salta todas. La magia del amor...

- Regularcilla: "El aura", con Ricardo Darín. Aunque se me hizo lenta y demasiado tranquila para mi gusto, la última hora logró engancharme. Recomendada, aunque aconsejo verla después de tomarse un café y con paciencia. Como nota, el director, Fabián Bielinsky, falleció el mes pasado de un infarto. También firmaba el guión, que me pareció excelente. (Gracias a "tugeisha" por el dato)

- MALA!: "Ghost Lake". Es de esas pelis malas en las que te pasas media peli riendo por lo cutre que es y otra media peli llorando por perder el tiempo de esa manera. Menos mal que el videoclub cerca de mi casa (donde me llaman Patricia - mi identidad secreta) me alquila gratis la tercera peli, si no, me pegaba un tiro. Es que se me quitan las ganas de hablar del argumento, la historia, los diálogos más insípidos que la sopa del MAP...

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Hoy se me va el tiempo. A lo largo de la semana, reuniré datos y hablaré del edificio donde vivo. No, no es una versión hipnagógica de "Aquí no hay quien viva", sino más bien una decimocuarta parte de "Psicosis". Jejejeje...

p.d: Ah... Prometí a PKS pasarle información sobre las Number Stations, uno de los post que más me dejaron patidifusa en "El Recreo de Bea Creo"

Otra vez igual... Mi ritmo de lectura ha bajado considerablemente, y cualquier excusa no me vale.

Junio se ha dividido entre terminarme de leer "El honor del samurai" y comenzar a leer "Estaciones de paso", de Almudena Grandes.

Compré este libro para regalar, pero por circunstancias de la vida, la familia y amigos, acabó relegado a un rincón de mi escritorio y después de mi estantería, envuelto en el papel de regalo cada vez más patético y frío. El día 10 de julio habría cumplido el aniversario de su estancia en la prisión del papel regalo. Un libro cerrado es un amigo que espera (dicho hindú). Yo también he sido un libro cerrado, aguardando un encuentro que no se produjo y por tanto, un fracaso más en mi lista de relaciones humanas. Y me ha quedado esto, una estación de paso.

En su día lo compré sin haberlo leído, empujada por las buenas críticas y por el hecho de ser historias de adolescentes en el momento crucial de sus vidas: cuando pasan de niños a adultos, adecuado para la persona que lo iba a recibir. Ahora, lo leo en el autobús y en el sofá de mi casa (gracias al mundial, me estoy desconectando de la tele), y me doy cuenta del desperdicio de haberle dejado en coma. Es una pena que ya no lo vaya a regalar. Pasa a formar parte de mi extensa e inconexa bibliografía particular.

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Bueno, no todo es melancolía.

Ayer, en una librería de saldos, fui testigo de una escena curiosa: el autor de un libro preguntando por su propio libro, para averiguar si se vende o no. El librero esquivó el embite con maestría y frases hechas (nosotros no llevamos literatura juvenil, más bien novela y artículos de librería en rebajas; los niños solo compran los libros de los que van a hacer películas, recomendarermos su libro...) El autor tenía en los ojos azules el gesto de ser otro estado hipnagógico andante. Iba a sentir compasión por él, cuando dijo una de las frases que más odio...

"Se parece a los de Harry Potter pero con..."

Agh... Ahí está el fallo, chico. Si escribes algo que se "parece" a otro libro (ya sea los de HP, el Código da Vinci, etc) no lo reconozcas en voz alta. Entonces, no te lo leerá nadie.

Bueno, yo, que soy una cotilla, le echaré un vistazo.